Gracias Naturaleza de marcha...
GRUPO DE SENDERISMO


Camino Schmid / Collado Ventoso

Zona:

Siete Picos

Archivo Nº   1064

Camino Schmid / Collado Ventoso
Narración:

Fecha:

2021-02-10 00:00:00

Duración:

6 horas

Distancia:

11 kms

Desnivel:

450 mts

Participantes: Goyo

 

El tiempo seguía revuelto, nevando intermitentemente. La madrugada del miércoles siguió haciéndolo. Así que, como la previsión es que hasta eso de las 10 de la mañana estaría inestable decidí coger algo de comida y aparcar en el Puerto de Navacerrada pasadas las 10,30 horas. Hacía un viento espantoso y las nubes aún no habían desaparecido, aunque el pronóstico indicaba que lo haría pronto. Saliendo del parking me entrevistan en TeleMadrid. Luego comprobaré que del minuto y pico que estuvimos hablando sólo eligieron dos segundos.

El plan inicial era recorrer la cresta de Siete Picos y hacer la vuelta por el Camino Schmid. Pero el viento era excesivo para exponerse por arriba y enseguida descubrí también que las nevadas habían sido copiosas, por lo que pisar fuera de huella era enterrar una parte de las piernas. Tampoco iba a tener ningunas vistas hasta que el cielo se acabara de despejar. Así que decidí hacer la ida por el Schmid, que estaba pisado y bastante cómodo, protegido del aire y entre un bosque embellecido por los copos recientes. Este tramo hasta el Collado Ventoso resultó muy agradable y disfrutón, con escasa gente en el sendero. Tampoco en el collado había casi nadie, y era terreno blanco y virgen salvo la pequeña huella que conectaba con la continuación del Schmid hacia las Dehesas. Pero el espectáculo, con las nubes alejadas y el sol enseñoreado, invitaba a relajarse un rato sólo para mirar y sacar fotos.

Ahora quedaba decidir por dónde continuar, ante el paisaje alfombrado con 30 cm. de nieve, o más, que me rodeaban. No sin esfuerzo, comencé apenas unos metros la Senda de los Alevines, con el deseo de que siendo ya mediodía alguien hubiera pasado por allí y el camino estuviera pisado. Pero no. Así es que trazando una diagonal fui en busca del sendero que baja del segundo y tercer pico. Apenas 600 metros de distancia y 200 de desnivel. Algo asumible para conservar la esperanza de que llegando a la cresta el viento de la mañana hubiera amainado, o que la acumulación de nieve hubiera sido desplazada hacia una ladera, o que otros montañeros la hubieran recorrido por la mañana y hubieran dejado su impronta e hiciera más fácil avanzar.

Me fui hundiendo cada vez más conforme subía. Avanzando con dificultad, abriendo huella (léase zanja), parando cada poco para recuperar el aliento, con la excusa de hacer fotos, pese a que la acumulación de nieve era cada vez mayor, conseguí llegar cerca del tercer pico, derrochando una hora en el intento. Ahí mismo se desvaneció una de mis esperanzas, pues ya a esta altura un viento huracanado me saludaba, haciendo casi deseable poder estar hundido hasta las rodillas. Insistí hasta alcanzar la cresta y poder comprobar que mis otras esperanzas tampoco tenían esta vez fundamento; nadie había pasado por allí y la nieve estaba por todas partes en cantidades fabulosas. Frenado y vapuleado por el viento, enterrado en la nieve y teniendo que abrir huella en solitario estaba claro que era suicida intentar recorrer la cresta y que el único ritmo posible haría que la noche me alcanzara antes de conseguirlo.

Era ya hora de comer. Así que volviendo sobre mis pasos empecé a dirigirme de vuelta al Collado Ventoso. A mitad del camino decidí que era un magnífico lugar para comer y así lo hice, con calma, con un horizonte espectacular. De vuelta al collado me sorprendió no ver a nadie. Cómodamente desandé el Schmid y me quedé con las ganas de tomar un café en el puerto, pero tampoco en esto me acompañó el día. Al menos me llevé el agradabilísimo sabor de las montañas nevadas en un ambiente solitario y con imágenes inolvidables.